La otitis media serosa es una afección provocada por la acumulación de líquido seromucoso en el oído medio. Resulta muy frecuente en niños entre los 2 y los 5 años de edad. Aunque generalmente no provoque dolor, conviene estar alerta porque no les permite oír bien y, si el problema persiste, puede frenar su desarrollo cognitivo. Además, en ocasiones puede favorecer una otitis media aguda, que es una afección dolorosa. El oído medio es una cavidad de la parte interna del tímpano en la que están localizadas la trompa de Eustaquio y la cadena de huesecillos. Estos huesos minúsculos se encargan de transmitir al oído interno los sonidos que capta el tímpano mediante pequeñas vibraciones. Como es una cavidad conectada a las fosas nasales mediante la trompa de Eustaquio puede acabar alojando el exceso de mucosidad producto de un resfriado. En este caso no sólo deja de funcionar correctamente el aparato auditivo, un fenómeno llamado hipoacusia, sino que pueden aparecer otros síntomas, como taponamiento, vértigo, ese pitido continuo y molesto que asociamos a los cambios de presión. Sobre todo durante la infancia, la otitis es muy característica de otoño e invierno, ya que va asociada a infecciones respiratorias que afectan a las vías altas y que no tienen tanta incidencia en la época más cálida del año. A menudo se produce tras una otitis media aguda, un proceso con inflamación e infección, y puede ser el paso previo al desarrollo de otro episodio de estas características, que sí que duele y puede llegar a supurar. «s una de las patologías más frecuentes durante la primera infancia y, aunque los síntomas no son difíciles de detectar, hay que estar alerta y consultar al especialista a la mínima sospecha. Otitis media serosa y desarrollo infantil
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Si el problema persiste y se cronifica, la presión puede producir una lesión
 Hay también algunos factores que predisponen a la acumulación de líquido en el oído medio, como alimentar al niño completamente tumbado o tener padres o hermanos con antecedentes de otitis media aguda, entre otros. En el caso de los niños, sus padres suelen darse cuenta de este problema porque suben mucho el volumen del televisor o a menudo responden “qué” cuando les hablan. A tan temprana edad «no oír bien puede convertirse en un problema para relacionarse de forma adecuada y aprender al ritmo del resto de compañeros de parvulario en materias como matemáticas o lengua. Para establecer el diagnóstico de esta afección, el pediatra o el otorrino realiza una exploración básica con el otoscopio y puede llevar a cabo una impedanciometría, una prueba indolora, sin participación del paciente, que sirve para valorar cómo se comporta la onda sonora en su recorrido por el oído medio. El tratamiento correcto lo da el Otorrinolaringólogo el cual evalúa y receta el medicamento y la dosis correcta según el caso y la estatura y peso de cada niño, el mal diagnóstico puede provocar futuras complicaciones en los niños. Clínicas Otorrino, Dr. Edgar Díaz Arango.
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